miércoles, 30 de septiembre de 2009

En Chile no hay una plena inclusión de los inmigrantes latinoamericanos

En Chile las migraciones han aumentado un 75% en 10 años, desde 1992 hasta 2002, sin embargo el porcentaje de población extranjera ha disminuido, de un 4%, correspondiente a la primera mitad del s XX, a un 1,2% en 2002. Lo que dista mucho de países receptores de población, que en la actualidad alcanza un 4% de su población, de hecho el Chile Republicano se ha caracterizado por ser más bien un país emigratorio. Sin embargo en los últimos 15 años las inmigraciones de países limítrofes han aumentado, por lo que muchos creen que Chile es un foco inmigratorio, las que más destacan son las colonias Argentinas y Peruanas (Biblioteca del Congreso Nacional, 2006).
Los argentinos se integran de mejor manera a Chile porque cuentan, en su mayoría, con estudios profesionales y técnicos, mientras que los peruanos ingresan, en su mayoría, como mano de obra no calificada, por lo que entre las diferentes colonias se ven diferencias de ingresos, caracterizándose así la colonia argentina por pertenecer a la clase media alta y alta, a diferencia de la colonia peruana que pertenece mayoritariamente a los sectores medios bajos y bajos de la población.
Las leyes sobre inmigración en Chile, debido a que este es un país emigratorio, son poco claras por lo que hay materias que quedan fuera e incluso la legislación cuenta con consideraciones racistas, por lo que en protección estatal y legalidad los inmigrantes cuentan con fuertes diferencias en comparación con los chilenos (Biblioteca del Congreso Nacional, 2006).
Sin embargo, se ve una integración de los inmigrantes ya que estos se han integrado al mercado laboral chileno. De hecho hay argentinos que ocupan altos cargos en empresas, no obstante los inmigrantes peruanos han ocupando puestos menos calificados, pero con un salario que les permite subsistir, y muchas veces vivir mejor de lo que podrían en su país, es por esto que en los últimos años la tasa de inmigrantes peruanos ha aumentado sostenidamente (Departamento de extranjería 1996-2000)

Por lo tanto se puede observar que aunque hay integración laboral no necesariamente hay integración plena, ya que, no se abarcan todos los ámbitos como por ejemplo el legal, en el que aun no hay una clara regulación inmigratoria, y el social, puesto que los inmigrantes son muchas veces victimas de episodios xenofóbicos.

jueves, 17 de septiembre de 2009

La Cero Labranza permite una mejor conservación del suelo a futuro

La Cero Labranza es una forma de trabajar el terreno agrícola mediante la no intervención del suelo, es decir, no se aplica un arado para invertir el prisma de este, sino que, una vez cosechado, se siembra encima de los rastrojos (Acevedo y Silva, Cero Labranza 2003). Es un método antiguamente utilizado, pero luego, con la invención de nuevas maquinarias y la labranza intensiva, este mecanismo fue abandonado.

El gran beneficio de un suelo no tratado es que los minerales, la estructura del suelo y sus agregados no se vean afectados, beneficiando así, el desarrollo de la biota y la acumulación de detritus y humus, conocido como materia orgánica. Esta última es importante para la retención de fertilizantes y para aumentar el espacio poroso del suelo (Acevedo y Silva, Cero Labranza 2003). Lo anterior permite que el suelo tenga todos los elementos necesarios para el desarrollo del cultivo, disminuyendo los problemas de limitantes frecuentes, como el agua y el nitrógeno que se pierden en suelos con poca materia orgánica (por lixiviación), o bien, por el arrastre superficial de suelos compactados o con mala infiltración.

Al intervenir el suelo como en la labranza tradicional –que invierte el suelo con maquinarias para mezclar los rastrojos-, utilizada en cultivos intensivos, se ahorra en el gasto de maquinarias y uso de combustibles, tan limitantes y costosos actualmente. Para que esto sea posible, es necesario seguir rigurosamente con las formas de trabajar el suelo, ya que los beneficios no se ven al primer año ni a los cinco, sino que a los diez y veinte años. Esto provoca un rechazo por ciertos agricultores, generalmente arrendatarios, que buscan maximizar día a día sus rendimientos.

La cero labranza también provoca alelopatía en cultivos, lo que se ve en la baja germinación y menor vigor de la plántula recién emergida. Ello es producto de que los rastrojos, al no ser incorporados, provocan liberación de compuestos químicos que alteran el buen desarrollo del cultivo. El picar y distribuir uniformemente los rastrojos y regar puede acelerar la descomposición y con ello puede bajar el efecto alelopático.

Es interesante, entonces medir el costo/beneficio de esta técnica, ya que los resultados obtenidos no se miden de un año para otro. Esta tecnología esta a la mano de todos, solo se debe tener conocimiento y ser constante. La cero labranza se presenta como una forma limpia, ecológica y de alto impacto en el rendimiento (sobre el 20%) cuando se emplea por largo tiempo (Acevedo y Silva, Cero Labranza 2003).

viernes, 11 de septiembre de 2009

“La Cero Labranza permite una mejor conservación del suelo a futuro”

La Cero Labranza es una forma de trabajar el terreno agrícola mediante la no intervención del suelo, es decir, no se aplica un arado para invertir el prisma de este, si no que una vez cosechado se siembra encima de los rastrojos. Es un método antiguamente utilizado, pero luego con la invención de nuevas maquinarias y la labranza intensiva este mecanismo fue dejado de lado.

Como gran beneficio esta que un suelo no tratado, permite que los minerales, la estructura del suelo y sus agregados no se vean afectados, beneficiando así, el desarrollo de la biota y la acumulación de detritus y humus, conocido como materia orgánica; este último importantísimo para la retención de fertilizantes y aumentar el espacio poroso del suelo. Esto, permite que el suelo tenga todos los elementos necesarios para el desarrollo del cultivo, reduciendo los problemas de limitantes frecuentes como son el agua y el Nitrógeno que se pierden en suelos con poca materia orgánica, se pierden por lixiviación, o bien por el arrastre superficial de suelos compactados o con mala infiltración.

Al intervenir el suelo como en la labranza tradicional –que invierte el suelo con maquinarias para mezclar los rastrojos -, utilizada en cultivos intensivos, ahorramos en el gasto de maquinarias, y uso de combustibles tan limitantes y costosos en estos tiempos. Para que esto sea posible, es necesario seguir rigurosamente con las formas de trabajar el suelo, ya que, los beneficios no se ven al primer año ni a los cinco, si no que a los diez y veinte años. Esto provoca un rechazo por ciertos agricultores, generalmente arrendatarios, que buscan maximizar día a día sus rendimientos.

La cero labranza también provoca alelopatía en cultivos, que se ven en la baja germinación y menor vigor de la plántula recién emergida, esto producto de que los rastrojos al no ser incorporados, provocan liberación de compuestos químicos, que alteran el buen desarrollo del cultivo. Pero picar y distribuir uniformemente los rastrojos y regar pueden acelerar la descomposición y con ello puede bajar el efecto alelopático.

Es interesante, entonces poner en una balanza y comprobar que los resultados obtenidos no se miden de un año para otro si no que en su conjunto, y adoptar medidas que maximicen nuestros ingresos y rendimientos van a estar al alcance de cualquiera, solo debe saber aplicarlo. La cero labranza se presenta como una forma limpia, ecológica y de alto impacto de rendimiento cuando se emplea por largos tiempos, obteniéndose rendimientos por sobre el 20%, según Acevedo y Silva, en su libro de Cero Labranza 2003.