La Cero Labranza es una forma de trabajar el terreno agrícola mediante la no intervención del suelo, es decir, no se aplica un arado para invertir el prisma de este, sino que, una vez cosechado, se siembra encima de los rastrojos (Acevedo y Silva, Cero Labranza 2003). Es un método antiguamente utilizado, pero luego, con la invención de nuevas maquinarias y la labranza intensiva, este mecanismo fue abandonado.
El gran beneficio de un suelo no tratado es que los minerales, la estructura del suelo y sus agregados no se vean afectados, beneficiando así, el desarrollo de la biota y la acumulación de detritus y humus, conocido como materia orgánica. Esta última es importante para la retención de fertilizantes y para aumentar el espacio poroso del suelo (Acevedo y Silva, Cero Labranza 2003). Lo anterior permite que el suelo tenga todos los elementos necesarios para el desarrollo del cultivo, disminuyendo los problemas de limitantes frecuentes, como el agua y el nitrógeno que se pierden en suelos con poca materia orgánica (por lixiviación), o bien, por el arrastre superficial de suelos compactados o con mala infiltración.
Al intervenir el suelo como en la labranza tradicional –que invierte el suelo con maquinarias para mezclar los rastrojos-, utilizada en cultivos intensivos, se ahorra en el gasto de maquinarias y uso de combustibles, tan limitantes y costosos actualmente. Para que esto sea posible, es necesario seguir rigurosamente con las formas de trabajar el suelo, ya que los beneficios no se ven al primer año ni a los cinco, sino que a los diez y veinte años. Esto provoca un rechazo por ciertos agricultores, generalmente arrendatarios, que buscan maximizar día a día sus rendimientos.
La cero labranza también provoca alelopatía en cultivos, lo que se ve en la baja germinación y menor vigor de la plántula recién emergida. Ello es producto de que los rastrojos, al no ser incorporados, provocan liberación de compuestos químicos que alteran el buen desarrollo del cultivo. El picar y distribuir uniformemente los rastrojos y regar puede acelerar la descomposición y con ello puede bajar el efecto alelopático.
Es interesante, entonces medir el costo/beneficio de esta técnica, ya que los resultados obtenidos no se miden de un año para otro. Esta tecnología esta a la mano de todos, solo se debe tener conocimiento y ser constante. La cero labranza se presenta como una forma limpia, ecológica y de alto impacto en el rendimiento (sobre el 20%) cuando se emplea por largo tiempo (Acevedo y Silva, Cero Labranza 2003).
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